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Buena noticia salió el martes de Palacio Municipal, después de que el alcalde dio a conocer que en breve podría iniciar un programa de pavimentación de calles en San Luis, tanto avenidas y callejones o “calle B”. Es buena la onda, pues desde hace varios trienios, ningún presidente ha pensado en pavimentar los callejones.
Mala onda ha sido quizá por ignorar a luces vistas que la nuestra es una ciudad fronteriza y que por eso se debe mostrar un bonito escaparate. Bien, que eso ya pasó y que hoy lo que importa a todos es que el doctor Manuel de Jesús Baldenebro ponga a funcionar el moderno programa de pavimentación. Hace varios años se instalaron en los cruceros los famosos “sahuaritos” para gusto de turistas y de personas llegadas de otros lugares que venían a negocios o a visitar familiares o amigos. Fue un éxito, hasta que manos extrañas y criminales empezaron a destruirlos o robarlos, utilizando una troquita, propiedad de un ex presidiario que había laborado en una dependencia pública. Su nombre lo conocen muchos, porque nunca ocultó su fobia por la modernización de nuestra ciudad. Por cierto, en las placas de autos del vecino Arizona, aparece un logo en forma de sahuaro. Sí pues, pero según el robasahuaros de marras, los fabricantes de los señalamientos eran traidores por copiar a los gringos el citado logo. Y también, dijo en una taberna, porque él tiene un negocio con el nombre de “Sahuaro”. Otra más, que quien fabricaba las esculturas era del PRI, dijo en defensa: “yo soy panista cien por ciento”. De veras lectores y eso es el motivo por el que no hay señalamientos en nuestra ciudad y por eso del embrollo que tenemos después de salir del primer cuadro. Así es, pero qué bueno que el doctor Baldenebro prometió en su campaña política que si se convertía en presidente municipal, las calles citadinas tendrán sus respectivos señalamientos, como en cualquier ciudad moderna del mundo. Ojalá amigos lectores. SIN AZÚCAR A todos ha gustado el plan activo del presidente Calderón, que llevará como fin borrar del mapa nacional a la nefasta inseguridad pública. Pues qué bueno, porque hay lugares en que ese “fenómeno” se ha frenado el progreso. No sólo le sacan a México los inversionistas y hasta empresas maquiladoras. No hombre, porque ahora hasta el turismo se ha frenado. Y no digan, que dejamos de tener turismo, por efectos de la crisis en Estados Unidos. ¡Falso! Porque a México antes llegaban turistas de varios países de Europa, en donde los riquillos siempre traen en el bolsillo su buen bonche de euros. No es por ahí lector. Los turistas se alejaron por temor a perder la vida, en cuanto pisen suelo mexicano. Lo anterior es toda una verdad completa y por eso, todos debemos apoyar el proyecto o programa del presidente Felipe Calderón, quien por cierto. Ayer debió reunirse de nuevo con las fuerzas vivas de Ciudad Juárez, para poner manos a la obra. Y lo logrará, porque el jefe de la nación tiene todo un equipo de colaboradores en su gabinete. Alguien podría preguntar que cuál será la mecánica para pacificar al país. De momento nadie lo sabe, pero todos están de acuerdo en que la presencia en Juárez del Ejército, sólo es un paliativo o querer curar un cáncer con aspirinas. Difícil la solución, lo que me hace recordar a Don Porfirio Díaz Mori, al año de que murió Benito Juárez y él tomó las riendas de la nación. Algún amigo de esta columna me decía hace una semana que en la novela “México bravo” dice el autor, que para poner el orden en Yucatán, Don Porfirio trajo de Corea a hombres gigantes y rudos dotados con látigos para someter a los rijos que estaban dañando la producción de henequenen las haciendas de los millonarios mexicanos que vivía en París, como ahora viven en Texas algunos empresarios de Ciudad Juárez. Así fue y como dice la novela de marras, sólo así acabó con las bandas de criminales en México, el después cruel dictador, general Porfirio Díaz Mori. Gracias por leer esta columna y como final, agradezco a Guadalupe Martínez por su corrección, sobre la fecha del asesinato de Colosio. Mi correo es:
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