¿Y dónde está Benito?
Escrito por Bibiana García Garza   
sábado, 06 de febrero de 2010

Resulta paradójico que la segunda ciudad más violenta del mundo después de San Pedro Sula, Honduras, lleve el nombre del hombre que fue bautizado como El Benemérito de las Américas y que acuñó la célebre frase de “El respeto al derecho ajeno es la paz”, más ahora que se ha extendido esa ola de sangre y violencia que poco a poco ha ido convirtiendo a este municipio fronterizo chihuahuense en el traspatio de atroces crímenes sin castigo y en un pueblo sin ley y sin autoridades que agoniza asfixiada por la corrupción, la impunidad y la ausencia de un verdadero sistema de impartición de justicia.

 

Y es que a los feminicidios no esclarecidos en los que prevalece desde hace años la pasividad de las autoridades de los tres órdenes de gobierno, y que eran la principal referencia de Ciudad Juárez, se han sumado nuevos males. Desde el mes pasado el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal alertó sobre el preocupante incremento en el número de homicidios y calculó que el municipio tiene una tasa de 191 homicidios dolosos por cada cien mil habitantes, hecho que ubica a Ciudad Juárez, por segundo año consecutivo, como la segunda ciudad más violenta del mundo y en México, obviamente, se lleva el deshonroso primer lugar pues tan sólo de 2007 a 2009, el número de ejecuciones y delitos violentos como el secuestro aumentó más de un 80 por ciento.

El hecho es que en México nos enfrentamos ahora a una realidad irrefutable, somos un estado fallido pues, a pesar de que todavía existen quienes no lo quieren reconocer e inclusive se refieren a quienes lo afirmamos como personas que “hablan mal de México”, estamos de acuerdo con las declaraciones del general J.N Mattis del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que nos recordó esta realidad por encima del falso nacionalismo de dirigentes políticos, funcionarios de gobierno y miembros del Congreso que al escuchar estas afirmaciones salieron “en defensa de la patria” aunque los mexicanos comunes y corrientes que pagan impuestos y trabajan perciben, efectivamente, que el estado mexicano ha fracasado en su intento de controlar a la delincuencia organizada así como en la oferta de garantías de derechos e igualdad para todos.

Sin embargo, al parecer el gobierno federal ignora el incremento en el número de ejecuciones, decapitados, narco-mantas, y otros desmanes que desestabilizan la paz pública en nuestro país, y sus “esfuerzos” resultan insuficientes y deficientes frente al monstruo que nos come día a día; Felipe Calderón ha demostrado que sus estrategias carecen de sentido, sustento y sustrato, así como sus instituciones y corporaciones ya nos han dejado muy en claro con sus acciones que están horadadas por la corrupción y ese descarado contubernio con redes del narcotráfico opacan su “honorabilidad”.

Los mexicanos ahora somos presas de esos círculos viciosos que frenan el desarrollo de un verdadero estado de derecho, vicios que impiden que contemos finalmente con un sistema de rendición de cuentas transparente y real, o con un efectivo manejo de las finanzas públicas, o con una buena inversión en capital humano, o con una adecuada provisión de infraestructura y servicios, o con la creación de un mercado efectivo, o con el fidedigno manejo de los recursos públicos… sin contar con ese retroceso que hemos visto en la creación de derechos ciudadanos a través de políticas sociales debidamente estructuradas.

Es por ello que no puede ponerse en tela de juicio que somos un estado fallido si conocemos sobre problemas como el fenómeno migratorio, en el que la población emigra al exterior porque hay una ausencia de desarrollo económico en el país o si estamos conscientes de las desigualdades sociales y económicas entre los distintos sectores de la población pues es por eso (y muchas cosas más, como dice la canción) que México forma parte de ese grupo de países subdesarrollados como Honduras, Vietnam, Macedonia, y está peor calificado que Senegal, Ucrania y Armenia.

Por eso es más criticable aún la postura de nuestro Santo Patrono, Felipe Calderón, que pretende enfrentar un panorama de esta naturaleza con acciones políticas fútiles, discursos repetitivos y con la ayuda de “súper” funcionarios de su gabinete como Genaro García Luna o Arturo Chávez Chávez, por cierto, ex procurador de justicia del estado de Chihuahua, o con el apoyo de monopolios que controla gente como Carlos Slim, o con sus esbirros en los medios de comunicación como el señor Homofobia, Pedro Ferriz de Con; la señorita Cicatri-cure, Adela Micha; el señor Ego Elevado, Ciro Gómez Leyva, y el señor vocero de la presidencia de la República, Joaquín López Dóriga.

Es de señalarse esa cerrazón del gobierno mexicano para aceptar temas como los matrimonios gay y la apertura de adopción para las parejas del mismo sexo, es reprobable que Felipe Calderón reafirma que un matrimonio debe fundarse entre un hombre y una mujer basándose en la biblia católica en lugar de basarse en la Constitución, y en consecuencia ordena a la PGR que interponga una acción de inconstitucionalidad como si no hubiera asuntos más importantes que atender, so pretexto de que el Estado Mexicano se debe a proteger a los niños inocentes que puedan ser criados por homosexuales, pero entonces, por qué no se preocupa por los verdaderos inocentes, por esa realidad de Los Olvidados, que desde 1950 retrató Luis Buñuel en su filme, esos que aún hoy en pleno siglo XXI merodean por las calles, de esos que viven en la pobreza extrema y debajo de las alcantarillas, eso sí no les duele, ni tampoco las muertas de Ciudad Juárez, ni las decenas de asesinados a causa de los enfrentamientos con el crimen organizado en ese y otros estados, ni los padres de los 49 infantes que murieron en el infame incendio de la guardería ABC en Hermosillo (que siguen esperando justicia después de 8 meses de la tragedia), y menos aún la situación de pobreza en la que se encuentra, desde hace años el campo mexicano, ni las protestas de los transportistas, campesinos y pescadores por el aumento al diesel, ni otras demandas ciudadanas que, de exponerlas todas me llevaría las 28 páginas de este periódico.

No obstante, Calderón ya anunció su nueva estrategia de seguridad en Ciudad Juárez que incluye un “plan integral” que se concertará con la sociedad para “atacar la inseguridad de raíz” y “reponer aquellos elementos sociales que nos ayuden a disminuir y prevenir el delito” mediante la implementación de un mayor número de programas sociales, rescatando espacios públicos para la convivencia, fomentando las oportunidades de educación, esparcimiento, cultura y trabajo para los jóvenes y así estos “no caigan en las garras de las adicciones o de la delincuencia”, es decir, un discurso de planes a futuro que parecen ir a ningún lado y no son inmediatos, además de que seguramente serán utilizados para seguir oprimiendo la mente de los jóvenes hacia la idiotez absoluta como lo ha hecho hasta ahora el gobierno con la ayuda de sus cachorros del yunque comandados por César Nava en el PAN, pero eso sí, sin ofrecer una solución verdadera al problema, qué visión tan limitada, aquí es cuando nos preguntamos, ¿y dónde está Benito Juárez?, ¿dónde están sus leyes? ¿se respetan todavía?, no lo creo, menos en esa ciudad que lleva su nombre y que todavía se avienta la puntada de tomarse el puente del pasado lunes para “celebrar” la promulgación de la Constitución Política de México, ¡qué ironía!, eso sí dejando de lado los 16 adolescentes masacrados y a sus familias, pero bueno según Calderón, todo se arregla con programas sociales ¿no?

 

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