En México, estamos perdiendo la fe hasta a nuestra sombra
Escrito por Damián Zavala Acevedo   
sábado, 26 de diciembre de 2009

Todavía no sepultaban el cuerpo del marino que fue muerto en el operativo que realizó el gobierno federal en contra de la banda y el capo mayor de los hermanos Beltrán Leyva, cuando sicarios asesinaban con el sello de la mafia a su familia.

La noticia que corrió como pólvora puso nuevamente en el banquillo varias interrogantes y la magnitud de la problemática en México que al parecer el final está muy pero muy lejano.

En pasados días, un elemento del Ejército Mexicano que realiza labores en el punto de revisión conocido como Las Adelitas, me platicaba sobre las estrategias que han tenido que implementar debido al hostigamiento que han sufrido sus familiares por parte de los narcotraficantes.

El castrense quien en ningún momento dejó de sujetar su poderoso rifle y estar  atento de cada vehículo que pasaba por el lugar señalaba que en este momento todos sus compañeros eran blanco propicio de los criminales.

La lucha emprendida por el presidente de la República Felipe Calderón en contra del narco ha sido una lucha titánica y dificilísima, pues muy al principio las ejecuciones de comandantes y elementos policiacos se calificaban como ejecuciones basadas en la traición, sin embargo ahora es todo lo contrario.

Lo que sí está claro, es que el crimen organizado ha penetrado en todas las filas policiacas empezando por un simple agente encargado de cuidar fiestas como son bodas y quinceañeras hasta elementos de alto nivel como son las fuerzas castrenses.

Lo ocurrido en Tabasco no se puede entender sin pensar sobre la hermanada que existe entre maleantes y elementos que se supone que están para salvaguardar la seguridad de todos.

El país vive momentos críticos donde ya estamos en el punto de haberle perdido la fe hasta a nuestra propia sombra e imaginamos a veces vivir en un Irak o en una Colombia.

 

LA BODEGA YA TIENE MÉDICO

 

Los Parras Ruiz andan súper “voladísimos”, en especial la regidora Jacqueline porque su hijo Ernesto se graduó de médico cirujano el mes pasado.

“El Neto”, elemento fundamental de La Bodega recibió sus primeros documentos con bombo y platillos, pues fue uno de los alumnos con más altas calificaciones.

Me cuenta la familia, que este nuevo profesionista realizará sus prácticas en el hospital del Seguro Social de la ciudad de Hermosillo, Sonora para luego especializarse en esas cosas del estómago y de la pediatría.

Me siento muy orgulloso de este joven, por un lado porque tendré un médico de cabecera y por el otro de haber sido testigo de cómo le sufrió para lograr su objetivo, tan así que para apoyar a sus padres con los gastos de la carrera cada fin de semana realizaba hamburguesadas.

En estos días, al doctor se le puede ver en San Luis y sin dejar ese lado emprendedor hoy se da tiempo para apoyar a su hermana envolviendo regalos en el primer cuadro de la ciudad. Se le va extrañar en el grupo, felicidades. Hasta la próxima.

 

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