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Esta borrachera empezó hace muchos años, don Epifanio Flores me movió a quererlo por su enorme don de gentes, le platico nada más una; vivíamos la familia en el callejón Madero y Tercera, por ese callejón pasaba don Epifanio en un carretón jalado por un caballo vendiendo verdura, sonaba una campanita que al escucharla corría la Mani (entonces como de cuatro años) a encontrarlo, don Epifanio Flores la subía a la carreta y la llevaba hasta la calle Cuarta, de ahí se regresaba con la niña de la mano. Esa actitud de pocos y muchas otras virtudes que le conocí me llevaron a admirarlo al grado que aún me emociona.
Poco después conocí a Benjamín (su hijo) cuando tendría unos 12 años, lo veía en Librolandia de la Madero leyendo a hurtadillas la revista “Siempre”, actitud admirable para un chamaco de su edad, platicando con él me decía que le gustaba mucho leer esos artículos y que pensaba ser escritor en el futuro. Por allá en 1982 el profe García Flores lo puso de meritorio en la Tribuna de San Luis como reportero y acudía conmigo por información de Obras Públicas, entonces a mi cargo, desde donde, por simpatía, yo le daba algunas notas exclusivas para que se notara, no necesitaba mucho, usted lo conoció, joven brillante, de aptitudes innatas, destacó como reportero y lo enviaron a Mexicali al periódico grande. Ahí lo designaron a cubrir la campaña de Ruffo, Benja se agregó al servicio público de aquél gobierno. Cuando terminó Ernesto Ruffo, se vino a San Luis con la idea de poner un periódico, me platicaba su intención y yo trataba de motivarlo por aquella amistad, creo yo, Benja me invitó a colaborar en LA PRENSA desde el primer número (conservo la carta invitación) y compartí con él el gusto por su consolidación, nunca dudé que se convertiría en uno de los grandes periodistas de México, vino la tragedia que le cortó la vida y todos morimos un poco, sin embargo, conservo el recuerdo de aquel gran afecto y el cariño grande por el medio que él creó, LA PRENSA, libre como el pensamiento. Durante los años que él dirigió, Benjamín nunca me dio indicaciones ni me criticó mis mamotretos, si acaso me platicaba que “fulano de tal” le habló quejándose de algo que yo escribí (y le di tu teléfono) me decía, así transcurrió, sin limitante una relación respetuosa periódico-columnista, hasta hace poco. Últimamente, al calor de la política creo, se me ha estado cambiando lo que escribo no sé por quién ni por qué, pero me molesta desde que, ni se me toma parecer, ni media aviso de por medio no obstante que soy yo y nadie más el responsable de lo que en “Sin Frenos” aparece. En tono tolerante hablé con el director del periódico sobre los manoseos habidos en mi columna a la que le cambiaban hasta los nombres de los mencionados, pero estuvo lejos de corregirse la actitud. El colmo sucedió la colaboración del pasado domingo en la que mutilaron un párrafo completo que era el meollo de lo que había escrito. Como no soy escritor ni ostento una cultura superior, mis escritos no tienen mayor mérito, pero a mí me toman de dos a tres horas elaborarlos, eso aparte de leer otros medios, escuchar noticieros, corroborar algunos datos y ordenar mis propios pensamientos para anotar lo que yo creo es la verdad, a la que yo quiero hacer honor desde mi trinchera, simplemente ante la posibilidad de que alguien los lea. Espero que este artículo, a modo de despedida, no sea objeto de mutilación o manipuleo y sí, forma de manifestar mi agradecimiento por el espacio que mi periódico me ha destinado por tantos años, de todos, insisto, de todos los que forman parte de él me repito su amigo sin titubeos, no soy hombre de rencores, simplemente no voy de acuerdo con lo que me sucede y doy término a la etapa. Por petición, a algunas personas les envío estos escritos por internet, soy
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Con mucho gusto se los hago llegar si son de su interés, no se puede dejar de pensar ni de escribir lo que se piensa y compartirlo. De usted, mi querido amigo, no me despido, de este modo seguimos en contacto y comunicados. |