|
Este jueves el mundo dejó de girar por unos momentos. Países y continentes se unieron a través de una sola lágrima para rendir tributo a la figura que traspasó con su música las barreras del tiempo, la cultura, el idioma y las religiones: Michael Jackson, el rey del pop.
Pensé en escribir mi columna sobre otro tema, pero ayer la noticia sacudió por entero mis sentidos, creo que al igual que millones de personas en el mundo, me mantengo en estado de “shock” por la sorpresiva (y a la vez no tan sorpresiva) noticia; de hecho, no sé cuántas veces tenga que escucharlo en los medios para creerlo realmente. Por eso decidí rendir un tributo a esa estrella desde este humilde espacio en lugar de hablar de personajes tan deleznables como los que ahora participan en la política de nuestro país (o de nuestro estado), de personas cobardes y sin ningún ápice de sensatez o humanidad, gente a quien solamente le interesa el dinero malhabido y extienden la mano para recibirlo sin ningún mérito, es decir, ni son estrellas de rock, ni siquiera emblemas del deporte o la cultura. Prefiero hablar de un hombre que, a diferencia de “ellos”, venció a la muerte gracias a la dedicación y empeño que puso en su trabajo. Considero que eso es mejor que hablar acerca de esa miasma política que hay en este país, y de otros en donde los presidentes, como Barack Obama y Felipe Calderón, se autoproclaman “superhéroes”. No. No necesitamos otro “héroe”, sólo algo en qué creer realmente, por eso la música rompe barreras para construir la esperanza de que algún día todos los hombres puedan estar en paz. Ayer, el día en que la música murió… (otra vez). La noticia sobre la muerte de este genio musical aún es difícil de asimilar para más de tres generaciones ya que no solamente nos hace pensar en que el ídolo de las masas extinguió su luz y da paso ahora al nacimiento de una nueva leyenda, sino también nos recuerda aquellos tiempos que no volverán, la época de la inocencia, cuando se creía y se tenía la firme esperanza de que el mundo tomaría un rumbo muy distinto al que lleva hoy en día; cuando la tecnología no lo era todo, cuando se hacía música con calidad y no solamente con el ánimo de ser comercial y plástica como los tristes ejemplos que tenemos ahora de “nuevos talentos”; aquellos tiempos en los que se derrumbó el Muro de Berlín, cuando se gestaban nuevas revoluciones que dieron pie a los enormes conflictos que libra el planeta entero ahora; antes, cuando no se conocía nada sobre el “calentamiento global” y apenas se empezaba a hablar de los daños ocasionados por el hombre a la capa de ozono; cuando nos entreteníamos por horas con videojuegos “rudimentarios”, a comparación de los que existen ahora; cuando el internet o los celulares ni siquiera formaban parte de nuestras vidas ni de nuestras más mínimas preocupaciones; cuando un tocadiscos reproducía fielmente las melodías en un disco de vinilo (LP) y era mágico escucharlos, cuando teníamos que rebobinar la cinta de los cassettes, o de las películas que se vendían en formatos Beta y VHS, cuando se leía un poco más y los sistemas educativos no estaban tan fregados como hoy en día. Sin duda, al igual que los Beatles, Michael Jackson representa para muchas generaciones una figura más famosa que el mismísimo Jesucristo, o Mahoma, o Jehová, pues su música era conocida alrededor del mundo y gustaba a todos por igual sin importar qué religión profesara cada quien, o si en su país de residencia no se practicaba ninguna religión como en Japón. Rompió récords con la venta de millones de copias de sus álbumes a nivel internacional, era bailarín, cantante, compositor, y productor de sus propios discos y videoclips, hecho que lo llevó al estrellato de un solo disparo contundente. Curiosamente, fue en el año en que yo nací, 1982, cuando el álbum “Thriller” salió a la venta para convertirse en el disco más vendido en la historia de la música, hasta ahora, con más de 129 millones de copias vendidas a nivel mundial, lo cual significa que, a diferencia de quienes provenimos de generaciones anteriores, las nuevas generaciones conocerán únicamente la leyenda de lo que fue, leyenda que nos tocó vivir cuando aún se trataba de un icono más y eso marca un hito en la historia, se cierra un ciclo, una etapa que marca el final definitivo del Siglo XX, su muerte sucede ahora en esta década perdida que nadie sabe cómo demonios llamar: “los 2000”, “la primera década del siglo XXI”, “la primera década del milenio”, yo prefiero denominarla como “la década cero”, cuando la historia comienza de nuevo, ahora sin la inocencia de un niñote con dotes de genialidad, ahora sin la magia que le puso a la música que escuchábamos en aquél tiempo, en los ochenta, en los noventa, aún en los sesenta y en los setenta con los Jackson 5, de donde por primera vez salió a la luz el talento indiscutible de esta estrella. Cientos de artistas retomaron su estilo, su manera de trabajar, su disciplina, y su ejemplo para ayudar con su popularidad a las causas nobles como lo hizo con la fundación USA for Africa (United Support of Artists for Africa) en el año de 1985, cuando compuso junto con su amigo Lionel Richie la canción “We are the world” (“Nosotros somos el mundo”) para recabar fondos a beneficio de los niños que padecían de hambruna en Etiopía, proyecto en el que participaron artistas de la talla de Bob Dylan, Steve Wonder, Tina Turner, Bruce Springsteen, Billy Joel, Cindy Lauper, Diana Ross, Dione Warwick, Ray Charles, Paul Simon, y Kenny Rogers entre muchos otros. Michael sirvió de inspiración para muchos en todos los sentidos, artistas y otros gigantes de la música como Quincy Jones, Elizabeth Taylor y Madonna quienes hoy lo lloran como a un hermano, al igual que millones de fans que se congregaron a rendirle culto y que justo ahora permanecen a las afueras del hospital Ronald Reagan de Los Ángeles, California, o en el Teatro Apollo de Nueva York, en donde fue su debut y fue descubierto por Diana Ross. Por otra parte, la turbulenta vida que llevó Jackson también dejó interrogantes y molestias en muchos, se le criticó por el cambio del color de su piel, sus numerosas cirugías plásticas, su excentricismo, y se le acusó de llevar relaciones “misteriosas” con niños, hecho por el que por cierto se le enjuició varias veces; sin embargo, hoy pareciera que todos sus errores en vida han sido opacados por su grandeza como niño prodigio, hoy por hoy se cuestiona por qué murió, qué de tantos escándalos que surgieron pudo haberlo llevado a la muerte; sin embargo, para muchos simplemente renació para convertirse en un ser que quedará inmortalizado para siempre, hasta hoy sigue rompiendo esquemas y paradigmas; quizá ello nos devuelva un poco de la magia en la que solíamos creer antes, quizá ahora sí pensemos en que tal vez Michael Jackson se convierta en ese zombie que caracterizó para el video de Thriller en donde se escucha la incomparable voz de otro genio, Vincent Price, narrando un escalofriante escenario en el que los muertos regresan y buscan comerse a los vivos, pues bien, Michael entonces regresa para bailar como un No-Muerto en las pantallas de nuestros televisores y en nuestra memoria para siempre, ¡Viva el rey! Comentarios:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
|