Todos somos negligentes
Escrito por Bibiana García Garza   
lunes, 22 de junio de 2009

A casi dos semanas de lo ocurrido en la guardería ABC de Hermosillo todavía no hay culpables, ni siquiera indiciados, ni sanciones, ni nada… el clamor de la sociedad sonorense ha subido de tono poco a poco después del shock; la rabia y el coraje de los padres de las víctimas y de las personas involucradas en esta indignante tragedia ya se puso de manifiesto; los señalamientos van principalmente en contra de funcionarios del Gobierno del Estado, del propio ejecutivo estatal, Eduardo Bours Castelo, del IMSS y del gobierno federal, quienes a su vez se pasan la “papa caliente” delegándose las responsabilidades entre sí mientras que ya se perdieron 46 vidas y otras 20 permanecen en alto riesgo y/o en condición crítica.

Al momento el IMSS no ha precisado en qué estado se encuentran los niños hospitalizados, ni el tratamiento que se les está otorgando a cada uno, ni el apoyo que se le está brindando a los familiares de los afectados, de donde han surgido por cierto, muchas de las demandas no sólo para que se haga justicia, sino para que los heridos reciban una mejor atención médica. Hasta ahora sólo se sabe que además de los niños que perecieron, hay 20 hospitalizados, y otros once que fueron dados de alta, aunado a la cifra de siete adultos que también sufrieron el azote del incendio, de los cuales tres permanecen hospitalizados.

Hasta ahora la ciudadanía sigue cuestionándose por qué y, mientras el domingo pasado más de 10 mil personas marcharon en Hermosillo hacia Palacio de Gobierno para exigir la renuncia de Bours Castelo, el Gobierno del Estado se mantiene en una posición desafiante, se asegura que se castigará a los culpables, que se realizarán todas las indagaciones correspondientes, sin embargo, a pesar de los datos que han salido a la luz y que ya todos conocemos de las ligas familiares que hay entre los socios dueños de la guardería ABC, el gobierno del estado de Sonora y el gobierno federal (por la conexión con la esposa de Felipe Calderón, Margarita Zavala Gómez del Campo y gente del IMSS), aún no ha sido posible fincar responsabilidad alguna por esta garrafal negligencia; el representante legal de la guardería, Marcelo Mouchi Tirado, pariente, por cierto, de Guatimoc Yberri, continúa en calidad de “desaparecido” y los socios ya todos antepusieron un juicio de amparo, que, honestamente, si se tratara de mí, yo ya me hubiera ido a entregar, pero claro, ello implicaría asumir una responsabilidad y tener un poco de vergüenza.

Por lo visto es muy difícil creer que las “Sagradas Familias” del estado de Sonora podrán algún día pagar por este acto puro de corrupción; Bours se defenderá con uñas y dientes como ya lo está haciendo al salir a pedir que no se politice el asunto, que en efecto, desafortunadamente se ha politizado, pero no le corresponde a él juzgarlo, lo que le corresponde es tomar acciones que hasta la fecha ha preferido retardar en medio de las cortinas de humo que mantiene para seguir tapando ese circo de corrupción, nepotismo y tráfico de influencias en el que está estructurado todo su gobierno, continúa la compra de medios de comunicación, ahora más que nunca, Bours no quiere perder pero quizá desconoce que ya se quedó solo (o lo dejaron solo).

Por otra parte, ahora ya circula otra versión acerca de lo que originó el incendio, hay testimonios de personas que vieron a gente del Gobierno del Estado quemar “papeles” en la famosa bodega alterna a la “bodeguardería”, que se supone que arrendaba la Secretaría de Hacienda del Estado, al padre de uno de los dueños de la guardería, por cierto; lo raro de esto es que se recuerda que antes de que concluyera el periodo del ex gobernador Armando López Nogales en Sonora, también se quemaron “misteriosamente” muchos documentos de dicha dependencia de igual manera, aunque claro, en aquel tiempo no había guarderías o estancias infantiles cerca; otra versión de testigos afirma que se escucharon hasta dos estallidos antes del incendio o cuando empezaba a propagarse, sin embargo, de cierto, aún no hay nada, ha sido mucho más rápido el hallazgo de cuerpos de las víctimas del avionazo en el Atlántico que las respuestas que aquí se han podido dar acerca de este asunto.

En esa desafortunada politización de la tragedia surgieron voces de políticos que acusan al Gobierno del Estado sin percatarse de que ellos también tienen “cola que les pisen”; curiosamente, todos los funcionarios y simpatizantes del gobierno federal o de los gobiernos emanados del partido contrario al gobierno de Sonora se han unido para hacer circular “cadenitas” vía correo electrónico en las que se pone en evidencia las líneas consanguíneas que hay entre los responsables directos de la tragedia, pero ellos también olvidan que el ‘negocito’ de las guarderías que tantos millones les ha dejado para beneficio de “ciertos grupos” se extendió desde el sexenio de Vicente Fox y continuó hasta ahora con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la ayuda de doña Margara (no doña Margara Francisca eh, que conste, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia).

El caso es que mientras los mexicanos y los sonorenses brincamos de un escaque al otro de acuerdo a lo que declaren nuestras autoridades en los cada vez más fraguados medios de comunicación del país, nos queda el recuerdo de que todo fue ocasionado por la negligencia, y quizá, sin resignarnos a abandonar la lucha para clamar justicia por este indecible crimen imprudencial, vendría bien hacer la reflexión acerca del significado de la palabra misma.

Es muy probable que en algún momento todos y cada uno de nosotros hemos sido negligentes o displicentes en muchos aspectos de la vida cotidiana, inclusive, en aquellos que pudieran poner en peligro la seguridad e integridad física de nuestros seres queridos; hoy es el momento de pensar hasta dónde puede llevarnos una negligencia, hasta dónde se extienden las cadenas de las consecuencias y de qué manera podemos detener las negligencias nuestras y de terceros para evitar que en algún día, ojalá nunca, estemos en los zapatos de todas esas víctimas de la capital sonorense; de qué manera se puede detener la corrupción y la impunidad en este país, no lo sé, lo cierto es que si se genera una verdadera conciencia ciudadana a raíz de hechos tan lamentables como este, es probable que la gente de verdad haga cumplir la Constitución y tenga el poder de exigir a sus gobernantes que renuncien, o que den resultados, ¿qué no se supone que para eso es la democracia?, ¿o acaso solamente se utiliza esa palabra en tiempos electorales?

 

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