Mi “amigo” Benjamín
Escrito por Arturo Santana Félix   
domingo, 15 de julio de 2007
ImageEsta columna, es la primera que escribo, la inicio luego de ver El Eslabón Perdido de Humberto Melgoza titulado “Yo no era amigo de Benjamín”, en la cual él cita y, como se dice por ahí, describe en buena lid la forma en que muchas personas se jactan de ser los “puticompas” de Benjamín Flores, cada vez que hay ocasión.

La verdad que quise en un principio redactar algo sobre un policía corruptazo de esta ciudad, esos que da asco ver en la calle, sus compañeros policiacos le dicen de cariño “Monratón”, ahí se las dejo de tarea, pero el Melgo me ganó una inspiración de hace un par de meses.

En realidad Benjamín nunca fue mi amigo, pero al igual que él como mi abuelo y otras dos personas de las cuales en unos instantes hablaré, me inspiraron a que no me dieran ganas de otra cosa más que ser reportero y si se puede, luego considerarme periodista.

Recuerdo que como en los años 1995 a 1996 dejaba la columna de mi abuelo aquí en LA PRENSA, la de De Vez en Cuando, y miraba un tipo alto de figura imponente dentro de las instalaciones de la Tlaxcala y Sexta, siempre vociferando o desesperado, nunca supe por qué alegaba, lo miraba cuando lo topaba en las escaleras y me decía “qué pasó” y yo le contestaba “no nada, vengo a dejar la columna de mi abuelo” y él refutaba “oh”, como diciendo órale pues déjala.

De ahí él salía en un pick up Dodge Ram color negro y yo sólo pensaba que el tipo no era cualquier cosa, hasta que le pregunté a mi abuelo quién jodidos era ese sujeto y él me dijo “es el Benja, chichí, ese muchacho es el mero mero”.

Fue en ese entonces cuando tomé la decisión de que algún día me iba a dedicar al periodismo, pues miraba a todos ahí dentro (en LA PRENSA) muy entusiasmados y lo único que conseguí era acompañar a Eduardo Ramírez, un amigo mío que hoy vive en San Diego, California y que en LA PRENSA se dedicaba a hacer encuestas, la verdad sólo fueron tres semanas.

No pasó mucho tiempo cuando conseguí trabajo en el Círculo K de la Tlaxcala y 12, fue como en junio de 1997, me acuerdo que cada vez el Benja como los igualados le llamaban y le siguen llamando, llegaba y le decía a la cajera “dame unos Marlboro rojos” y el metiche de yo le decía a la empleada “deja se los llevo yo”, se los daba y Benjamín me daba el dinero mientras hablaba de cosas creo importantes, de las cuales en ese entonces yo no entendía.

Así como Benjamín llegaba a esa tienda, lo hacía también una jauría de “narcopancheros”, que cada vez que no podíamos venderles cerveza, pues era después de las doce, ellos nos decían “no sean pendejos morros, somos gente del Pony, tu patrón ya sabe qué pedo, o qué, quieres que le hable”.

¡Madres!, decía entre mí, qué ironía en esta tienda viene de todo, un periodista que no hacía otra cosa que criticar a políticos, narcotraficantes, servidores públicos y demás, y a la vez también los típicos macuarrones con cinto piteado y armados nos obligaban a venderles cerveza, ahora sí como se dice coloquialmente “a huevo”.

Pasó si acaso un mes y lo matan, me sentí raro y con morbo de no sé qué, pero quería que fuera sábado para dejar la columna de mi abuelo y a la vez cobrar los 350 pesos que le pagaban a la semana, quería ver qué ambiente se respiraba en LA PRENSA y la verdad era espeso.

¿Pues quién lo quería muerto? pensaba yo, y analizaba basándome en sus escritos, Leobardo Aguirre, los hermanitos Gabriel y Jaime González, el temerario ex gobernador Beltrones, en fin todo eso se desapareció de mi cabeza pues sentía que de ahí no iba a pasar nada.

El brazo derecho e izquierdo de Benjamín 

Voy a ser sincero, yo tenía escasos 16 ó 17 años cuando conocí a Jesús Barraza y Damián Zavala (ellos son esas dos personas de las cual intenté hablar en un principio), la verdad ellos a mí ni me conocían, pero yo no perdía o al menos trataba de no perderles la huella.

Siempre los miraba juntos en la calle, a deshoras, los miraba como si fueran extraterrestres, Damián siempre con una sonrisota de dos caras, uno no sabía si se estaba burlando de ti o si acababa de salir de un curso de superación personal.

Barraza, la verdad lo miraba como un ente muy parco, raro, como que algo traía en manos y no era exactamente una catafixia llena de premios como la que da Chabelo cada domingo, de igual forma y con más razón decía yo, quiero ser reportero o bien como ellos.

Ahora uno de ellos anda haciéndola de director de teatro y el otro fue funcionario público y es fundador del primer ciberdiario en San Luis, mientras yo estoy trabajando en el periódico que ellos fundaron con Benjamín, lugar en el cual siempre anhelé trabajar.

Me imagino cuántos reporteros y periodistas han pasado por esta casa editorial, algunos sólo por estar, otros únicamente para decir que trabajaron en el periódico donde mataron a Benjamín, lo digo con certeza.

En la actualidad es Alberto Sánchez Mares, el jefe Juan Pedro Morales, Bibiana García Garza, Geovana Ruano Fonseca y yo Arturo Santana Félix quienes estamos al frente del proyecto de Flores González, y sé que no somos los que fundamos este periódico pero la lucha le estamos haciendo, no están los de antes pero seguro estoy que como Benjamín le dijo a su equipo “cuídenme el changarro”, lo estamos haciendo.

Benjamín, tú y yo nunca estrechamos manos, y mucho menos supiste quién era yo, lo único que te puedo decir es agradecerte por este medio de información que creaste y del cual estoy orgulloso de representar, qué bueno que nunca fuimos amigos, pues estaría igual de loco o más que Damián y Barraza.

A Benjamín Flores González no lo mataron unas balas, lo mataron unos individuos que no soportaron su existencia, pues él era un espejo que reflejaba lo escatológica y ruin que eran ciertas personas, lo odiaban, así de jodidos estamos, así de madreada está nuestra libertad de expresión.

Este escrito es dedicado a la memoria de Benjamín Flores González y a todas las personas que en realidad fueron sus amigos, así como aquellos que él inspiro ser lo que somos, unos reporteros.

 
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