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Cuando llegan con su carita compungida y sus ojos llorosos los reporteros no hacemos otra cosa que ponernos de su lado, dejando atrás cierta imparcialidad, y hasta nos creemos de todo lo que nos cuentan, porque sí, fue un cuento.
No es la primera vez que un presunto tirador sorprende a los reporteros con sus relatos, de victimarios adoptan un papel de víctimas, ocultando su pelaje en una piel de cordero. La mañana del lunes llegó a las instalaciones de LA PRENSA un joven con su mujer embarazada asegurando que hasta a ella le llovieron golpes de policías federales. En su casa mostró las huellas de sangre y unos cortes en las hojas de yeso de plafón del techo, situaciones ocasionadas por los supuestos policías que ingresaron a su casa. La verdad el relato parecía muy cierto, tan cierto, que se publicó dando todo el crédito a sus palabras. No había llegado la medianoche cuando ya se estaba pidiendo la no publicación de esa nota, el argumento es que no era cierta, que afectaría a la Policía Federal y no quería problemas. Repito, no es la primera vez que esto ocurre, personalmente me ha tocado atender a estas personas, y a los dos o tres días salta la verdad, se trata de malandros contra policías. Cuando ven afectados sus intereses no les queda otra cosa más que inventar para desacreditar a las autoridades, la verdad es que los policías no son peritas en dulce, pero tampoco son unos vulgares pateadores. Por lo pronto vamos a tener que analizar todas las denuncias que lleguen a la redacción, nos referimos a las quejas que nos hagan de manera personal, las que llegan por teléfono, donde no se pueda ubicar al denunciante, no se tomarán en cuenta. Esto para evitar vernos mal como medio de información y afectar a otras personas, porque la verdad, las notas aclaratorias tienen muy poco valor ante la primera impresión. Algo así como “palo dado ni Dios lo quita”. Los 4 tiradores… No se trata de esos caones que andan de arriba abajo o viceversa entregando bolsitas de droga a petición telefónica, se trata de las cuatro personas que contenderán por la presidencia local del PAN. Los cuatro tienen lo suyo y se lanzan al ruedo sabedores de que tienen quien los apoye de manera moral y económica, pues todo en esta vida cuesta. No es que se dé la compra de votos, pero es normal que los candidatos hagan sus visitas de cortesía y hasta alguna carnita asada se avienten, y todo eso cuesta. Gallegos, Acacio, López, y Alvarado deben pensar que esta desunión en que se encuentran, servirá para finalmente hacer la unión y bien dicen que la unión hace la fuerza. Pero como dice mi ama, a ver de qué cuero salen más correas y que gane el mejor, o el que quiera la gente panista, al fin y al cabo ellos decidirán. Pregunta: ¿A quién le dicen la patineta parada? P.D. Es que algo así escuché y me quedé con la duda P.D. 2…. La misma…ya saben… |